«Esperaré lo que tenga que esperar». Dice la canción que suena en el reproductor mientras me hago la pregunta que titula esta entrada; la frase de despedida de mi madre fue: «Ve a vivir tu aventura», la cual acompañó con un fuerte abrazo, un corazón roto, amargas lágrimas causadas por la nostalgia que marca la distancia y un pensamiento cruel de tal vez no volver a ver a su pequeña, mientras que yo… yo resbalaba por esas escurridizas escaleras que marcaban un fin y a la vez un nuevo comienzo.
Hoy, casi 2 meses después de todo eso, me hago la pregunta de si en verdad todo eso era necesario, ¿cuál fue el propósito de este viaje? ¿Darme cuenta de que puedo yo sola con la vida? ¡Pero claro que puedo! Todos podemos. Ahora la pregunta es: ¿puedes vivir una vida que disfrutes minuto a minuto? ¿Tienes la capacidad de lograr crear una vida que te apasione O mejor dicho, ¿tienes la valentía para defender con uñas y dientes lo que realmente dices que quieres? Creo que se me hizo mucho más fácil aventarme a la aventura y comenzar desde 0 en un país al cual no regresaba hace 9 años, que decirle a alguien de quien sé poco que una hora de mi tiempo vale 117 dólares. ¿Pero es ese el motivo de mi sensibilidad? ¿O tal vez tengo que responsabilizar a mi ciclo menstrual? Creo que la balanza se inclina más por lo segundo, lo cual se fue alimentando de noticias dolorosas que fui recibiendo durante el día y respuestas que causaron desequilibrios, pero eran necesarias para la tranquilidad de mi alma. Sin embargo, no puedo pasar desapercibido ese sentimiento de desconexión. Vivo el día a día, disfruto de mis días, mis elecciones, mis decisiones, pero, ¿por qué me siento tan distante de mí? Siempre amé mi esencia, mis dramas, mis dilemas; me hacían hacer del baile y la escritura mis herramientas para expresar todo el dolor y el caos que habitaban dentro de mí, pero hoy que prácticamente estoy tranquila y en paz, esas herramientas no me inspiran más… Me encontré, por eso realmente vivo agradecida… ¿o me perdí? Porque lo que más amaba de mí ya no funciona igual, ya no siento alivio en esas prácticas, ni siquiera el deseo de hacerlas, y me fuerzo con preguntas tontas a entrar en un modo nostálgico para inspirarme a escribir, dándome cuenta de que no hay nada más forzado que cada una de estas palabras y nada tiene menos sentido que esto. ¿Encontré la paz o perdí mi esencia? Creo que la pregunta es… ¿Cuánto más tengo que andar para volver a mí?


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